martes, 30 de septiembre de 2014

Independencia y autonomía en la administración de justicia tributaria

Columna “Derecho & Empresa”

JUSTICIA PRIVADA Y ADMINISTRACION TRIBUTARIA

Daniel Montes Delgado (*)

¿Qué le parece la idea de que, cuando usted se vaya a juicio para reclamar algún derecho que cree conculcado o amenazado, se encuentre con que el juez recibe su sueldo, los medios y el personal de apoyo, enteramente de la otra parte a la que usted se enfrenta? “Imparcialidad” no debe ser la palabra que primero asome a su mente, con bastante seguridad.  Pues bien, eso es lo que, con un velo de formalidad, legalismo y supuesta transparencia, viene ocurriendo en el ámbito tributario desde hace algunos años.

Primero ocurrió con el Tribunal Fiscal, el cual desde hace ya catorce años, se financia con un porcentaje de lo que recauda la SUNAT. La historia empezó en el gobierno transitorio de Paniagua, que emitió el Decreto de Urgencia 112-2000, con la finalidad de reorganizar el tribunal tras la década fujimontesinista, para cuyo financiamiento se recurrió a esta figura de tomar un porcentaje de los ingresos de SUNAT. Lo curioso es que, a partir de ese año, religiosamente, todas las Leyes de Equilibrio Presupuestal nos repiten que la urgencia continúa y que por ende debe seguir usándose este sistema de financiamiento que vincula dos cosas que no deberían estar así ligadas: la recaudación del ente administrador (SUNAT) y el presupuesto del ente encargado de revisar su trabajo (Tribunal Fiscal). Es decir, a menos que pensemos todo al revés, la lógica es elemental: si el Tribunal Fiscal se siente más proclive a resolver los casos de reclamos a favor de SUNAT, su propio presupuesto se ve incrementado, con lo cual dispondrá de más recursos, que nunca le vienen sobrando, por supuesto, dada su eterna sobrecarga procesal. Más o menos lo mismo que pasaba con los policías de tránsito que recibían un bono por cada papeleta impuesta.

De otro lado, una tendencia paralela ha hecho que no pocos vocales del Tribunal Fiscal provengan de las oficinas de SUNAT, a la cual renuncian por supuesto apenas son designados, pero cuyos pronunciamientos en ocasiones dan la impresión de no ser vocales muy independientes que digamos, sino casi parecen ser trabajadores destacados de SUNAT en el citado tribunal. No es que no sean técnicos en su trabajo, pero el caso es que parecen ver los asuntos a resolver con la misma óptica recaudadora de su anterior empleador, lo cual no ayuda ni a la seguridad jurídica ni a la justicia en estos temas.

Lo peor vino después, desde el año pasado, cuando se concretó la idea de crear juzgados contencioso administrativos en Lima, exclusivamente para conocer de causas relacionadas con los temas tributarios. Como idea no es mala, es más, hacía tiempo que se reclamaba hubiera jueces con esa especialidad. Lo malo es que el financiamiento de la infraestructura, equipamiento, capacitación y hasta remuneraciones de estos jueces y personal de apoyo, está a cargo de SUNAT. ¿El resultado? Curiosamente, una sobrecarga procesal de nuevo, porque además se ha concentrado todos los casos de cuestionamiento de las decisiones del Tribunal Fiscal en Lima, que es la única ciudad donde SUNAT acepta litigar, pero también porque ahora SUNAT presenta muchas más demandas contra las decisiones del Tribunal Fiscal, cuando no le son de su agrado, pese a lo que ya apuntamos líneas arriba.

Tanto así que desde estos mismos despachos judiciales ha salido la idea de que los casos de tributación municipal debieran conocerlos los juzgados de provincias o los juzgados de paz de Lima, según su procedencia, para ellos concentrarse solo en los casos de SUNAT. Curiosa prioridad que no parece desligada de la peculiar situación de conocer muy bien quién es el que paga los sueldos de estos órganos jurisdiccionales.

En suma, que esto no es justicia tributaria, como nunca podría serlo una justicia, en el campo que fuera, cuyas decisiones se puedan ver influenciadas, más allá de loables casos de excelencia académica e independencia de criterio, por la cuestión muy prosaica pero importante de saber de dónde viene el dinero para la existencia misma de los órganos encargados de resolver los conflictos. Como si en un presupuesto de 130 mil millones de soles no hubiera espacio para cubrir las necesidades del Tribunal Fiscal y de los despachos judiciales especializados, sin necesidad de decirles entre líneas a vocales y jueces que su sueldo puede depender de qué tan amables sean con el que pone el dinero.

(*) Abogado PUCP, MBA Centrum Católica. Montes Delgado – Abogados SAC.

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