Columna “Derecho & Empresa”
PROBLEMAS
CON LA DEPRECIACION ACELERADA DE BIENES PRODUCTIVOS EN LEASING
Daniel
Montes Delgado (*)
SUNAT está haciendo una aplicación
extensiva de un criterio errado en cuanto a la depreciación acelerada deducida por
empresas productivas, derivada de contratos de arrendamiento financiero (leasing);
criterio al que el Tribunal Fiscal le ha dado respaldo sin tomar en cuenta la correcta
interpretación de las normas y el sentido real del beneficio tributario. Así, esta
clase de reparo se presenta como una supuesta aplicación del art. 20 de la Ley
del Impuesto a la Renta (sobre costo computable), cuando en realidad no lo es.
Tomemos como ejemplo el caso de una empresa que
realizó una deducción como resultado de la diferencia entre la depreciación
contable de los bienes en arrendamiento financiero, y el total de la depreciación
tributaria de esos mismos bienes, considerando las tasas derivadas de los
plazos de cada contrato, en aplicación de las normas tributarias del Decreto
Legislativo 299.
SUNAT, en la fiscalización, sostiene que, al
corresponder a activos depreciados con destino al costo de producción, “se verifica que parte de la producción
generada con los bienes en arrendamiento financiero permanecía en los saldos o
inventarios finales al cierre del ejercicio (productos terminados, productos en
proceso y activos biológicos que proviene de la producción del ejercicio), sin
haber sido enajenada o dada de baja; por lo cual no resulta deducible en su
integridad la totalidad de la depreciación acelerada, en relación con aquellos
bienes del activo fijo que, si bien estaban destinados al proceso productivo,
generaron producción que permanecía en los saldos o inventarios finales, esto
es que dicha depreciación acelerada debió forma parte del costo computable de
los bienes producidos, y solo puede deducirse en la medida que tales bien(sic)
hayan sido enajenados o dados de baja”.
Esta posición de SUNAT, a primera vista, parece
tener asidero, pero solo si fuera cierto que el tratamiento de la depreciación
contable debe condicionar y arrastrar a su lógica y forma de registro contable
a la depreciación acelerada que dispone la norma tributaria excepcional que
establece el beneficio tributario de depreciación acelerada. Pero eso no es
cierto.
SUNAT interpreta que, conforme al primer párrafo
del artículo 18 del Decreto Legislativo 299, cuando este señala que “la
depreciación se efectuará conforme a lo establecido en la Ley del Impuesto a la
Renta”, quiere decir que solo cambia la tasa de depreciación máxima por año
(por ejemplo, de 10% a 20%). Pero eso no se condice con la exigencia de la ley
del Impuesto a la Renta y su reglamento, cuando señalan que la depreciación
debe estar registrada contablemente para poder ser deducida. Y es que, la
depreciación acelerada implica diferencias temporales para efectos del
impuesto, que harán que la empresa tenga una deducción adicional (vía DJ) en
los primeros años de la vida útil del bien y una adición en los demás años,
puesto que no hay una mayor depreciación total, sino únicamente un adelanto de
la misma, el que luego debe “devolverse”. Asumir como cierto que la
depreciación acelerada debe ser la registrada contablemente supone que también
deberíamos cambiar la vida útil del bien y no solo la tasa de depreciación, con
lo cual se perdería ese control de las diferencias temporales.
Y no es el único efecto contrario al propósito de
la norma, puesto que la empresa necesita poder medir el impacto de la
depreciación acelerada en sus resultados, con independencia de los que se
derivan de la depreciación normal, para efectos de fijación de precios,
análisis de costos y demás efectos económico-financieros.
Todo lo anterior es lo que corresponde a un
beneficio tributario como el del DL 299, que no sujeta obligatoriamente esa
mayor depreciación permitida a un tratamiento contable igual al de la
depreciación normal. Así, cuando se remite a la regulación del Impuesto a la
Renta, lo hace en el primer párrafo del artículo 18 del DL 299 para que,
conforme a dichas normas, la depreciación se calcule en forma lineal y conforme
a los plazos de vida útil que fija el reglamento; es decir, el tratamiento
normal de la depreciación, porque el beneficio es voluntario: si el
contribuyente lo decide lo toma, pero si no lo desea, deja sin usar la
depreciación acelerada.
Como bien reconoce SUNAT en sus mismos
requerimientos de reparos de este tipo, la “excepción” del beneficio tributario
de depreciación acelerada está en el segundo párrafo de ese art. 18 del DL 299,
que solo requiere que la depreciación se aplique en forma lineal con el plazo
del contrato de arrendamiento financiero y que los bienes se utilicen en
"el desarrollo de su actividad empresarial”. Es por ello que la mayor
depreciación acelerada no se distribuye entre todos los costos de producción ni
se queda una parte en los saldos de productos en proceso.
Esta diferencia de tratamiento se aprecia
claramente en el artículo 8 del Decreto Legislativo 915, que precisó los
alcances del artículo 18 del DL 299, puesto que, a propósito de una eventual
modificación del plazo del contrato de arrendamiento financiero, distingue
entre el tratamiento conforme a la ley del impuesto del primer párrafo del art.
18 y el tratamiento especial del segundo párrafo, que ya no corresponde a las
reglas generales.
Es por ello que, cuando SUNAT pretende usar la
frase del primer párrafo del art. 18 referida a las reglas de la depreciación
conforme a la ley del impuesto, como si todos los aspectos de la depreciación
acelerada debieran regirse por ellas, se equivoca. Por supuesto, hay aquí
además un aspecto de aplicación de la norma especial versus la norma general,
que SUNAT no está considerando; puesto que las normas del DL 299 y del DL 915
son las verdaderamente aplicables a la depreciación acelerada.
Por último, aunque SUNAT cita la RTF 07561-11-2025
(y sus antecedentes, como la RTF 08877-2-2019), de la cual ha copiado
íntegramente su argumento, lo cierto es que dicha jurisprudencia no es de
observancia obligatoria; además de que no es aplicable por todo lo
anteriormente explicado en cuanto a lo errado de su análisis, que deja de lado
el objetivo del DL 299 de promover la inversión, sin sujetarla a las
eventualidades de las ventas subsiguientes.
Sin perjuicio de todo lo anterior, SUNAT, igual que
la RTF 07561-11-2025, incurre en la aplicación de una presunción que no tiene
base legal alguna y que por tanto resulta nula, puesto que realiza un ejercicio
de regla de tres simple: traslada la proporción de los saldos de inventarios
respecto del total de costo de producción (por ejemplo, 16%) al total de la
depreciación acelerada de los bienes en arrendamiento financiero.
Ese ejercicio, que en la RTF 07561-11-2025 sigue
siendo ilegal, pero que tendría cierto sentido ya que se trataba en ese caso de
una empresa “mono-productiva”, no puede trasladarse a una empresa que tenga una
gran variedad de saldos de inventario, debido a que tenga varias líneas de productos
diferentes, productos intermedios, etc. Y, asimismo, que tenga una gran
variedad de bienes adquiridos en arrendamiento financiero: maquinarias,
equipos, obras civiles, vehículos, sistemas de producción, sub estaciones
eléctricas, grupos electrógenos, equipos de climatización y muchos otros más; todos
ellos con tasas entre 5%, 10% o 20% y con diferente participación en los costos
de producción y la determinación de los saldos de inventario. SUNAT no puede
igualar a todos esos bienes con una sola proporción de su participación en
dichos saldos, sino es a través de una presunción, pero que resulta ilegal por
no tener ninguna norma tributaria que la respalde.
Así, la
supuesta aplicación extensiva del art. 20 de la Ley del Impuesto a la Renta a
que se refiere el requerimiento, partiendo de su errada lectura del primer
párrafo del art. 18 del DL 299, no es procedente y el reparo debe ser dejado de
lado.
(*) Abogado PUCP; MBA Centrum Católica.
http://cuestionesempresariales.blogspot.com