martes, 3 de febrero de 2026

 

Columna “Derecho & Empresa”

 

DIRECTORIOS EN EMPRESAS MEDIANAS (I): ¿PARA QUE SIRVEN?

 

Daniel Montes Delgado (*)

 

Comenzamos una pequeña serie de notas sobre directorios en empresas medianas, a partir de las reflexiones que nos suscitan las experiencias con clientes y algo de teoría. Pero primero: por empresas medianas nos referimos a aquellas que han iniciado como emprendimientos societarios, que fueron creciendo soportadas en todos sus aspectos por sus socios, y que ahora son negocios que pueden facturar desde diez hasta cien millones de dólares. En suma, son empresas emergentes, en tránsito hacia el paso a una segunda generación familiar (o ya integrando a esa generación) y aspirando a una profesionalización consciente, es decir, buscada intencionalmente.

 

Un primer aspecto de la realidad de estas empresas es que normalmente los socios no suelen tener claro para qué van a necesitar un directorio. Pero desean tenerlo, porque entienden que ese espacio de deliberación puede permitirles adoptar nuevas estrategias de forma más explícita y con el apoyo de herramientas de gestión que antes no tenían o no pensaban necesitar. Y, por supuesto, si la sociedad ha de tener un directorio, los socios quieren estar en él; si se puede todos los socios, o al menos los que importan para la toma de decisiones conforme a su peso relativo en el accionariado.

 

Ese es un buen punto de partida, pero faltan varias cosas. No siempre los socios de estas empresas tienen claro los tres niveles de la estrategia: metas, tácticas y operaciones (aquí nos apoyamos en la historia militar, vieja pasión nuestra). El directorio solo ha de ocuparse del primer nivel, con sus metas proyectadas en el tiempo: fijar y guiar el rumbo hacia las metas a corto, mediano y largo plazo; especialmente las de largo plazo.

 

Los planes a corto se pueden necesitar para la coyuntura, o las crisis, lo más cercano en el horizonte, o lo necesario como paso previo para ver mejor el mediano y largo plazo (ganar terreno alto para poder defender una posición o reagruparse con seguridad). Los planes a mediano plazo han de permitir alcanzar objetivos intermedios, como fortalecer el apalancamiento financiero, o implementar un ERP para la gestión integrada de la empresa (ocupar posiciones fuertes como paso previo a la preparación de la batalla decisiva). Los planes a largo plazo tienen que ver con el crecimiento, posicionamiento, nuevos mercados o nuevos productos (planificar la invasión de un territorio, consolidar conquistas, prever el siguiente conflicto).

 

Lo táctico tiene que ver con lo que se va a necesitar para alcanzar las metas, como por ejemplo contratar gerentes profesionales, o crear un área de investigación y desarrollo (desplegar las tropas donde sean más efectivas según su especialidad o darles apoyo logístico). Lo operacional es el movimiento, o la suma de todos los pequeños movimientos, con un avance metódico, como ejecutar las ventas o servicios bajo protocolos o estándares, verificando que no haya errores y se alcancen hitos (tomar puntos o cotas sobre territorio hostil, en orden y controlando el territorio paso a paso).

 

Sucede a veces que la inercia societaria arrastra al directorio, que los socios han decidido tener, a ocuparse de temas que no son de su competencia; olvidando que lo táctico es tarea de los gerentes, mientras que lo operacional es trabajo de los mandos medios. O, en esa etapa en que los gerentes todavía son también socios, estos llevan sus problemas del día a día al directorio. Esto no ayuda a resolver los problemas, sino que los empantana, porque sobre esos temas cada director tendrá sus ideas o forma de verlos (“yo lo haría así…”). En cambio, es más probable que los socios directores puedan ponerse de acuerdo sobre las metas, pues desde el inicio ya han tenido una idea común, por algo se hicieron socios.

 

Por eso, el directorio debe ser el que guíe a la empresa hacia las metas (“el directorio lee el mapa del tesoro por el camino, mientras los gerentes cargan las palas”). El directorio no debe decirles a los gerentes lo que deben hacer, sino que debe darles encargos y pedirles cuentas periódicamente sobre lo alcanzado al respecto.

 

Un directorio que atosigue a los gerentes con numerosos puntos de vista y exigencias, conforme a la opinión de cada socio, no conseguirá sino provocar una esquizofrenia gerencial. Por eso, es recomendable que, sin importar cómo esté conformado el directorio, se le encargue a uno de sus miembros que tenga como misión adicional el devolver al grupo al enfoque estratégico, cada vez que se salga del camino. Una voz de alerta sobre la misión del directorio, cuando tienda a empantanarse, siempre será necesaria.

 

Sin embargo, hay que ser realista, pues en aquellas sociedades en que el liderazgo es ejercido por un solo accionista, quizá no se necesite un directorio todavía, o en caso de tenerlo solo termine siendo un elemento decorativo o caja de resonancia del líder. Este es un reto grande en caso ese líder no sea suficientemente autorreflexivo. Como en cualquier otro caso, en este será todavía más útil el rol de los asesores o expertos en el plano estratégico.

 

En resumen, no siempre es necesario tener un directorio, por más que haya varios socios. Pero si se decide tenerlo, debe tenerse claro para qué ha de servir, y procurar los mecanismos que lo mantengan enfocado en su tarea. En la próxima nota nos ocuparemos, tomada la decisión de tener directorio, de la pregunta que debe hacerse todo socio: ¿realmente es necesario que yo ocupe un asiento en el directorio?

 

(*) Abogado PUCP; MBA Centrum Católica.

 

http://cuestionesempresariales.blogspot.com